El chocolate de Pátzcuaro, Michoacán, una de las grandes “pasiones” de Juan Gabriel

“Es tan santo el chocolate que de rodillas se muele, juntas las manos se bate y mirando al cielo se bebe”: Juan Gabriel

Por: | 29 de Agosto de 2016 | 11:03 horas

Pátzcuaro, Michoacán (Rasainforma.com/Miriam Arvizu).- Sin duda alguna, Alberto Aguilera Valadez, conocido internacionalmente como Juan Gabriel, tenía muchas debilidades, entre ellas el amor por sus raíces, su tierra, México y su música, amor tan grande como el que le tenía al chocolate, el "manjar de los dioses".

Tal como lo expresó en vida, en algunas entrevistas, “era adicto al chocolate”, a causa de que su abuelo paterno, quien le brindó la primer taza de chocolate con pan caliente, que en ese entonces un joven de aproximadamente 14 años probara en su vida, tras salir del internado, al cual ingresó desde los tres años de edad.

El chocolate, una de sus mayores pasiones, lo hizo acudir de manera continua a la tierra que lo vio nacer, Michoacán, en donde visitaba el municipio de Pátzcuaro, especialmente acudía a un establecimiento familiar “Chocolate Supremo”, dirigido por Doña Joaquinita, de ahí el nombre del local, en donde de manera artesanal producen el “manjar de los dioses”.

El pequeño local, que también alberga la casa de la familia, dio la bienvenida de manera muy especial a uno de sus grandes consumidores, “El Divo de Juárez”, quien de acuerdo con anécdotas de Doña Joaquinita, le encantaba degustar del chocolate amargo.

En pláticas anteriores con la señora, destacó que a Juan Gabriel se le enviaban costales de tablillas de chocolate amargo y de la semilla del cacao, ya que esta es muy curativa y debido a que el cantautor padecía de diabetes, él consumía trece semillas al día, lo que le ayudaba a mantener controlado el padecimiento.

Tal fue el amor de Juan Gabriel por el chocolate y agradecimiento a la familia que les obsequió una linda frase, donde resume la verdadera pasión que sentía por el cacao.

“Es tan santo el chocolate que de rodillas se muele, juntas las manos se bate y mirando al cielo se bebe”: Juan Gabriel. Frase que los dueños presumen en la banqueta de la calle Enseñanza.

El pintoresco Pátzcuaro, sin duda alguna, fue uno de los lugares predilectos para el oriundo michoacano, ya que decidió comprar una propiedad, en donde de acuerdo con los pobladores, le gustaba pasar algunos de sus días de descanso, pero fue tiempo después cuando Aguilera Valadez vendió la propiedad, que en la actualidad es la Casa de la Real Aduana, en la vialidad Ponce de León.